Quedarse
…sobre la elección de no partir
Las vías se perdían en el horizonte.
El tren llegó puntual. Se detuvo unos minutos, abrió las puertas y esperó. Bastaba con subir.
Me acerqué un poco. Lo suficiente para imaginar el viaje. Pero no para hacerlo.
No sabría decir cuándo tomé la decisión. Quizá no hubo un momento concreto. Solo esa sensación difícil de explicar, la de que el cuerpo ya sabe algo mientras la cabeza sigue haciéndose preguntas.
El tren arrancó.
Primero despacio. Después fue ganando velocidad hasta desaparecer al final de la vía. Cuando el ruido se apagó, la estación volvió a quedarse en silencio.
Levanté la vista.
En lo alto de un poste había una cigüeña. Permanecía inmóvil, ajena al ir y venir de los trenes. Me pregunté cuánto tiempo llevaría allí. Minutos. Horas. Tal vez todos los atardeceres fueran iguales para ella.
El sol empezaba a esconderse. La luz naranja se fue deslizando sobre los raíles, el andén y los bancos vacíos. Cambiaba casi sin que se notara.
Me quedé mirando hasta que el último reflejo desapareció.
Entonces dejó de importar el tren.
Las vías seguían perdiéndose en el horizonte.
Y seguí mirándolas.
Gracias por leer mis escritos en «Donde surge la magia».
Bea ✨
¿Hubo alguna vez un tren que decidiste no tomar?
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Sí. Y es una pena que ocurra eso. Qué bien, deseando leer ese post. 🤗
Lo peor a veces no es coger el tren. Es que no quieran cogerlo contigo. Cosa que me ha dado disparador para un post.
Me ha encantado ❤️💙